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HACE MUCHO TIEMPO, EN UNA NACIÓN MUY CERCANA...

Esta España que ahora algunos se empeñan en reventar a "talantazos" no es un invento reciente... ni mucho menos.

Lo que hoy conocemos como España es una realidad que se ha forjado a lo largo de los siglos. Tal vez algún lector se extrañe de la utilización del nombre “actual” de nuestra nación, y permítame el lector que explique por qué no es un mero capricho.

Los griegos llamaron a nuestra península Iberia y los romanos Hispania, cuya traducción literal al castellano es “España”. Puesto que cuando hablamos o escribimos nos referimos a Nueva York y no a “New York” o a Londres en lugar de “London”, lo único que hacemos es seguir el mismo estándar que se sigue en todos los países de Europa, y por añadidura del mundo entero sobre las denominaciones, tal y como demuestran estos sencillos ejemplos tomados de tres de los más grandes historiadores británicos actuales:

“... the famous spanish sword.” (... la famosa espada española). Adrian Goldsworthy.

“ ... and his Spanish allies.” (... y sus aliados españoles). Peter Connolly.

“ ... arrived a Tarraco (Tarragona) in Spain...” (... llegó a Tarraco (Tarragona) en España...). Peter Connolly.

“Hamilcar, now concentrated on Spain...” (Amílcar, ahora concentrado en España). John Warry.

Los griegos primero, los romanos después y cualquier historiador actual de cualquier parte del mundo hoy en día, se refirieron y refieren a “España”. No como un estado, sino como la realidad histórica, social y geográfica que hace más de 2.000 años ya era. Y yo, como no me siento intelectualmente capacitado para discutir con quienes no están de acuerdo con esto, prefiero seguir humildemente los pasos de Polibio, Apiano, Julio César, Tito Livio, etc, etc, etc.

Hecha esta necesaria precisión, es preciso aclarar que para griegos y romanos la Península Ibérica era una realidad geográfica, cosa que creo fuera de cualquier duda, pero para ellos también era una realidad cultural, claramente percibida. Por eso los historiadores antiguos greco-romanos, como los posteriores árabes, definieron “España” como una realidad nacional, salvando las múltiples peculiaridades de cada época.

Griegos y romanos contemplaron las Galias como una unidad cultural, a pesar de sus múltiples peculiaridades, y recordamos la famosa primera frase de los Comentarios de la Guerra de las Galias de Julio César: “La Galia, en su totalidad, se divide en tres partes.”

Y de la misma manera también contemplaron a España y a sus diversos pueblos como integrantes de una misma realidad. Una realidad que griegos y romanos, con una visión universalista de la Historia, sabían iba mucho más allá de cualquier particularismo local o regional.

Cierto es que aún harían falta muchos años antes de que los visigodos crearan el primer estado genuinamente español, pero no menos cierto es que, antes de que Roma perdiera España a manos de los bárbaros, sus habitantes se sentían parte de un todo que, además de Roma, era España.

Los invasores musulmanes, que según algunos llegaron aquí de vacaciones, conquistaron España a sangre y fuego. La desesperada resistencia de nuestros antepasados consiguió frenarles en Covadonga e iniciar una lenta y dolorosa Reconquista que no se completó en la Península hasta el año 1.492. Gracias a esos Reyes Católicos que por fin llevaron a cabo el sueño de Alfonso VIII o Jaime I: la reunificación de los reinos españoles en una sola nación.

Gracias al empeño de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón esa España reunificada se convirtió en la nación más poderosa de Europa, con sus formidables Tercios listos para defenderla de cualquier enemigo que osara poner en entredicho su poder.

El descubrimiento de América posibilitó que el desconocido continente entrara en la Historia y comenzara su largo viaje hacia la Cultura Occidental. Que hoy América sea cristiana y libre en lugar de musulmana y esclava es fruto del tesón de nuestros antepasados… aunque algunos no piensen lo mismo, por supuesto…

La nueva dinastía que llegaba de Austria, los Hagsburgo, y con ella el emperador Carlos I de España y V de Alemania, nos introdujeron en la política europea de manera vertiginosa. España defendió a Europa en Viena y en Lepanto, impidiendo que los turcos conquistaran este “viejo” pero fascinante continente.

Tras la muerte del último rey de la Casa de Austria, Carlos II, una agotada España quedó a merced de los intereses de las demás potencias. La Casa de Borbón francesa consiguió imponer manu militari a su candidato al trono Felipe de Anjou tras una guerra sangrienta… y España, que apenas un siglo antes había gobernado el mundo, quedó con los borbones rota, perdidos sus territorios como Gibraltar y en manos de Francia como una marioneta… pero ese fue el precio que España tuvo que pagar para que un Borbón se sentara en el trono.

Por eso yo hoy quiero reivindicar esa época en la que, con todos sus errores, que fueron muchos, tuvimos monarcas incompetentes en manos de validos, aunque nunca marionetas de países extranjeros como lo fueron los borbones. Pero también tuvimos las luces de nuestro Siglo de Oro con los Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Góngora, etc, etc, etc. La época en la que para que un monarca se sentara en el trono de España no era necesario regalarles a otros nuestros territorios. La época en la que nuestros reyes se sentían españoles de verdad y tenían el sueño de llevar nuestras banderas, esas cruces de Borgoña, símbolo del poder español por todo el mundo conocido…

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Y la verdad es que hoy en día, algunos echamos de menos esa época en la que nuestros reyes defendían los intereses de su nación, más o menos adecuados, con mayor o menor fortuna… pero siempre estaban ahí, con voz alta y clara…

Cruz de Borgoña y bandera de España por cortesía de José Manuel Rodríguez "Eborense".

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