ACERO Y VAPOR

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LOS MÁS PODEROSOS CAÑONES DE LA HISTORIA

 

Los mayores y más poderosos cañones que se han construido en toda la Historia fueron los cañones navales destinados a equipar a los acorazados y cruceros de batalla.

En la época de los GLOIRE y WARRIOR los cañones navales eran aún de avancarga (se cargaban por la boca). Ya antes de la llegada del vapor se comenzaron a utilizar proyectiles explosivos como los que causaron la matanza de la flota turca a manos de la rusa en Sinope. Con la llegada del blindaje hubo que diseñar nuevos proyectiles capaces de perforar las planchas de hierro primero y luego ya de acero de las nuevas naves acorazadas.

El calibre de un cañón" es la medida del agujero por donde sale la bala", un cañón calibre 406 mm es un cañón que dispara una bala de 406 mm de diámetro. La longitud del tubo del cañón también se expresa en calibres. Por ejemplo, un cañón de calibre 406/50 es un cañón con un tubo cuya longitud es 50 veces su calibre, o sea, que su tubo mide 50 x 406 mm= 20,3 metros de longitud. Como los primeros cañones que equiparon a los acorazados eran de avancarga, esto exigía que el tubo del cañón fuera corto para poder cargarlo cómodamente, además, el ánima (el tubo que recorre el proyectil hasta que sale por la boca) era lisa. Dos grandes avances revolucionaron la artillería naval: la retrocarga y el ánima rayada. La retrocarga, tras unos inicios muy accidentados, supuso una mejora en la seguridad de la nave al no tener que exponerse cada vez que había que cargar. Además, con la retrocarga desaparecieron las limitaciones impuestas a la longitud del tubo del cañón, ya que ahora éste podía sobresalir de la nave sin problemas porque era cargado desde atrás. Esto supuso que la longitud del tubo aumentara y con ello el alcance (a mayor longitud mayor distancia alcanza el proyectil y con más precisión). El ánima rayada consistía en grabar en el ánima del cañón una serie de pequeños surcos en espiral que forzaban al proyectil al ser disparado a girar sobre sí mismo como una peonza, lo que aumentaba la velocidad de éste notablemente. Estos dos principios, la retrocarga y el ánima rayada, se mantuvieron constantes hasta el último acorazado y al ser introducidos en los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX supusieron una revolución gigantesca. Hasta entonces las naves de línea habían combatido (como en Trafalgar) a distancias de 300-500 metros, ahora, con los nuevos cañones, el alcance de la artillería había llegado hasta los 5.000 metros.

 

El primer récord moderno lo ostentaron los formidables DUILIO italianos de 1873 con sus gigantescos cañones de 450 mm, los mayores construidos hasta entonces y que debían ser cargados por la boca (lo que exigía que el tubo del cañón fuera corto). En la imagen de abajo podemos ver el ingenioso sistema por el que los tubos de los cañones se introducían en troneras practicadas en la cubierta para poder ser cargados desde dentro de la nave sin exponer a los marinos a la metralla enemiga.

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Sin embargo, cañones de tal calibre eran muy caros de fabricar y difíciles de mantener, por lo que a finales del siglo XIX y principios del XX, el calibre estándar de los cañones navales que equipaban a los acorazados era de 305 mm. El 305 mm resultó ser un cañón formidable que equipó a los últimos acorazados policalibre y a los primeros monocalibre o dreadnoughts. En la primera década del siglo XX era el cañón con mejor relación coste-eficacia.

Los primeros dreadnoughts alemanes estaban armados con cañones de 280 mm que eran más ligeros y de casi idénticas prestaciones a los 305 mm británicos. Sin embargo, la marina británica, consciente de su inferioridad cualitativa (que no cuantitativa) frente a la alemana, desarrolló el cañón de 343 mm que, para su disgusto, resultó estar en paridad con el nuevo 305 mm alemán. Los cañones británicos eran de mayor calibre, pero los alemanes estaban mejor diseñados porque los metales empleados por los germanos eran más resistentes, y eso repercutía tanto en el cañón como en el proyectil que disparaba.

Fueron los japoneses los que dieron el siguiente paso al encargar en Gran Bretaña la construcción del primero de sus cruceros de batalla, un desarrollo mejorado de los LION británicos y con un armamento de 356 mm, manifiestamente superior a todos los cañones en uso entonces, calibre que fue pronto adoptado por los norteamericanos. Viendo que se quedaban atrás irremediablemente, los británicos diseñaron un nuevo cañón de 381 mm que equiparía a los magníficos acorazados QUEEN ELIZABETH y a los mediocres clase R, la respuesta alemana no se hizo esperar y se puso a punto un cañón de 380 mm para armar a sus nuevos acorazados clase BAYERN. En plena guerra, Lord Fisher hizo construir cañones de 457 mm para equipar a su flota de cruceros de batalla "de hojalata", pero tales cañones nunca entraron en servicio.

Tras la guerra, los tratados navales establecieron el calibre 406 mm como calibre máximo a montar por un acorazado, puesto que era el que los japoneses habían decidido montar en sus nuevos acorazados. El 406 se reveló un arma formidable y equiparía a los NAGATO japoneses, a los NELSON británicos y a los acorazados norteamericanos entrados en servicio en la II GM. Fueron precisamente los japoneses los que se harían con el récord final al montar en sus gigantescos YAMATO cañones de calibre 460 mm. Armas gigantescas que, afortunadamente para los acorazados norteamericanos, no pudieron demostrar su capacidad.

 

En el siguiente cuadro se muestra el alcance de los cañones navales, desde los Helgoland alemanes de la I GM hasta los IOWA norteamericanos:

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Como se ve, las cifras indican que tanto el calibre, como el alcance, como el peso del proyectil del 343 mm británico eran superiores al 305 mm alemán, pero eso en los números, ya que en la práctica, los proyectiles perforantes Krupp tenían un nivel de paridad con los británicos. Los cañones de 381 mm de los QUEEN ELIZABETH, con un alcance superior a los 18.000 metros, quedaron pronto empequeñecidos por el alcance de los nuevos 406 mm, inferioridad paliada por el aumento del alza de las piezas en su modernización de los años 30, ya que a mayor elevación del cañón, mayor alcance. Como vemos en el cuadro, los principales calibres que participaron en la II GM superaban los 35.000 metros de alcance máximo, lo que significa que podían lanzar sus proyectiles a más de ¡35 kilómetros! de distancia, lo que posibilitaba disparar contra un objetivo que acabara de aparecer por el horizonte (el radio de visión máxima desde una nave en un día despejado es de +- 40 kilómetros). Evidentemente, a tan gigantescas distancias, dar en el blanco era cuestión de mucha, muchísima suerte. Si el proyectil acertaba, con más de 35 kilómetros de viaje, llegaría con su energía cinética al mínimo, ya que la mayor velocidad de un proyectil se alcanza en los primeros metros, pero disparado por un cañón a máxima elevación, llegaría a su blanco "desde arriba", con un gran ángulo de caída, lo que le haría peligrosísimo porque impactaría no contra la cintura acorazada, sino contra la cubierta (ver POR QUÉ SE HUNDE UN ACORAZADO).

La mejor forma de alcanzar a una nave enemiga era enfilada de proa o popa. En estos dos dibujos se vé con claridad por qué:

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Una nave que nos presenta su flanco, como en el dibujo de la izquierda, tiene la posibilidad de dispararnos con todos sus cañones (en este caso 8), mientras que una nave que nos presenta la proa (o la popa) sólo nos podrá disparar con los cañones que monte en esa parte (en este caso 4). Además, es más facil dirigir el tiro en profundidad que en deriva y una nave siempre es más larga que ancha: lo que significa que un cañón que abra fuego disparando 8 proyectiles contra el objetivo representado en el dibujo tendrá una o como mucho dos oportunidades de alcanzar el blanco de flanco, pero si el blanco está de proa, como su eslora es 7 u 8 veces mayor que su manga, será alcanzado por varios proyectiles. Esto es precisamente lo que les ocurrió al HOOD y al PRINCE OF WALES en su combate contra el BISMARCK. El vicealmirante Holland, consciente de la debilidad de la cubierta protectora del HOOD aproó hacia el BISMARCK y el PRINZ EUGEN a toda máquina para tratar de reducir la distancia lo antes posible y evitar los impactos que llegaban con gran ángulo de caída. Pero así presentó a los artilleros del BISMARCK un blanco 7 veces mayor. El resultado fue el que todos conocemos (ver EL ACORAZADO BISMARCK).

La cuestión del peso del proyectil, que tanta importancia tenía cuando éstos eran balas macizas, se vio alterada por la calidad del metal y del explosivo. Así, los proyectiles del BISMARCK eran menos pesados que los del HOOD, pero más eficaces.

 

El siguiente cuadro muestra a la misma escala a un hombre de 1,75 metros de altura, un proyectil de 406 mm. con su carga de proyección compuesta por seis saquetes de pólvora y una torre triple de cañones de 406 mm de un acorazado norteamericano de la II GM.

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En la fotografía de abajo vemos al IOWA disparando sus nueve cañones de 406 mm. Sobre el agua se aprecia claramente el efecto del rebufo causado por la onda expansiva que sale de la boca del cañón y que podía desintegrar a un hombre que se hallara sobre cubierta desprotegido.

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Durante las pruebas del YAMATO, los japoneses soltaron unos cerdos sobre la cubierta para estudiar los efectos del rebufo. Las piezas de 460 mm creaban un rebufo con una presión de 7 kg. por cm cuadrado, el resultado fue que los cerdos fueron literalmente desintegrados en mil pedazos al disparar los cañones. Por eso todos los puestos descubiertos de estos acorazados nipones como serviolas, artilleros antiaéreos, etc, además de los telémetros estaban protegidos contra los formidables efectos de este fenómeno. Así mismo, durante las pruebas de artillería del BISMARCK, el rebufo de los cañones de 380 mm al ser disparados por primera vez averió los telémetros del acorazado alemán. Y durante la batalla de Islandia, el PRINCE OF WALES sufrió daños importantes en sus direcciones de tiro y radares causados por el rebufo de sus propios cañones de 356 mm. Sin olvidar al SOUTH DAKOTA norteamericano que en Guadalcanal sufrió serias averías por el mismo motivo.

 

Abajo podemos ver una fotografía que muestra a un acorazado norteamericano disparando sus cañones de 406 mm. Los proyectiles que dispara son perfectamente visibles en el extremo superior izquierdo de la imagen.

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Lanzados a velocidad supersónica, estos infiernos voladores de 1.225 kilos de peso cada uno sembrarán la muerte y la destrucción allí donde caigan.

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