ACERO Y VAPOR

 

La Armada Española del siglo XXI.

Por: José Manuel Rodríguez Gómez-Escobar

Nota: Una versión de este artículo, acortada por el mismo autor, puede leerse en el número 149 (Septiembre de 2.002), de la revista "Antena", órgano de la Asociación Nacional y Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación.

Introducción. 

De todos los tópicos que circulan por la piel de toro, y que encuentran sus más entusiastas divulgadores entre los filósofos de taberna, esos que igual enmiendan la plana a un ministro que conocen las técnicas para ganar siempre al fútbol, hay dos, muy extendidos, que aquí destaco: que nuestras Fuerzas Armadas son de risa y que nuestras Fuerzas Armadas están obsoletas tecnológicamente. 

Semejante pareja de proposiciones carecen de fundamento, al menos en el caso de la Armada Española, como trataré de demostrar a lo largo del siguiente artículo. Pero ya se sabe que para determinados españoles es mejor fuente de información el vecino del quinto que la web del Ministerio (sospechosa siempre de ser parcial por interesada), lo que es cierto tanto para estos temas como para otros asuntos, desde las emisiones radioeléctricas hasta la reforma educativa.

 Avistado a proa.

Para comenzar este artículo hay que remontarse a 1.989, año en que se cancela el programa NFR-90 (NATO Frigate Replacement). La cancelación de este programa supuso para la Armada la anulación de las unidades que tenían que seguir, en el orden de construcción, a las fragatas clase “Santa María”. Puesto que los objetivos de la defensa nacional obligaban a la puesta en servicio de nuevas unidades que complementasen a las “Santa María”, para determinar las características de las nuevas unidades se activó, en 1.991, un programa de evaluación de viabilidad cuyos objetivos eran: 1) determinar el tipo de buque de escolta que necesitaba la Armada; 2) determinar los plazos deseables de construcción y entrega y 3) determinar la viabilidad tecnológica de la construcción. El punto 3 depende en gran medida de cómo se defina el punto 1, y ambos tienen una consecuencia muy clara: el coste de cada buque. 

Este programa de evaluación asumía ya de por sí un riesgo importante. Mientras que el proyecto NFR-90 era un proyecto multinacional en el que unos países podían apoyar sus debilidades en las fortalezas de otros, ahora la Armada obraba por su cuenta y riesgo. Ciertamente la Armada contaba con el apoyo de la experiencia adquirida por la entonces Bazán en el ensamblaje y pruebas finales de construcción de las “Santa María”, y contaba con el apoyo de consultores tecnológicos externos con experiencia en proyectos similares de otros países, especialmente de la Real Armada Holandesa y de la Marina de los Estados Unidos. Pero aun así, el riesgo era considerable. 

El programa de evaluación comenzó definiendo las futuras F-100 como escoltas antisubmarinas (ASW; Anti-Submarine Warfare), para luego redefinirlas como escoltas antiaéreas (AAW; Anti-Air Warfare). Este cambio se debió a varias razones, tácticas y estratégicas. Con la desintegración de la U.R.S.S. y la reducción de la capacidad operativa de la Marina rusa, la amenaza submarina era menor que la estimada a finales de los años 80. Por otro lado, la apreciación de las amenazas estratégicas contra España en la nueva situación internacional obligaba a tomar en cuenta el equilibrio de fuerzas en el Norte de África y la capacidad tecnológica (potencial, al menos) de Argelia y Libia para desarrollar misiles de crucero con alcance suficiente como para amenazar el Sur y el Levante español. Además de estos factores, la Armada tenía ya 11 escoltas ASW entregadas o listas para entregar (5 fragatas clase “Baleares” y 6 fragatas clase “Santa María”), pero carecía de escoltas AAW especializadas. 

Este último punto cobraba importancia desde el momento en que la principal fuerza de choque de la flota, el Grupo Alfa centrado en el portaaeronaves “Príncipe de Asturias”, carecía de una protección antiaérea de envergadura suficiente como para desplegar nuestra fuerza aeronaval. 

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La fragata F-85 "Navarra". Esta foto da idea de las amplias superficies verticales que presentan este tipo de buques conformando una sección radar ó RCS (Radar Cross-Section) bastante notable.

Las fragatas clase “Santa María”, aunque son magníficos escoltas, carecen de capacidad antiaérea de largo alcance. Esa capacidad sólo puede obtenerse (hasta que entren en servicio las F-100) usando los aviones Harrier Plus del “Príncipe de Asturias” en patrullas aire-aire de largo alcance, misión defensiva que distrae fuerzas aéreas de las misiones ofensivas que debería desempeñar el Grupo Alfa como misión primaria. Pero esta capacidad defensiva basada en los Harrier es útil sólo en el caso de amenaza de aviones contra el Grupo Alfa. Si hablamos de una amenaza basada en misiles guiados los Harrier son de poca utilidad. De la capacidad de defensa aérea del propio “Príncipe de Asturias” mejor no hablamos, pues siempre han sido uno de los puntos de mayor debilidad del buque, al estar limitada a cuatro montajes CIWS (Close-In Weapons System; sistema de defensa cercana) multitubo Meroka, de corto alcance y de eficacia limitada contra misiles.

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Toma de popa del Príncipe de Asturias.

A cada lado del hueco del ascensor se aprecian los montajes del CIWS Meroka. Cada uno de ellos posee un radar individual, cuya antena parabólica se puede observar sobre el domo del cañón.

Foto de un AV-8P Harrier Plus en tierra. El arma principal del “Príncipe de Asturias”.

En estas circunstancias era muy deseable contar con escoltas antiaéreas que reforzasen la defensa del Grupo Alfa, liberasen al componente aéreo del “Príncipe de Asturias” de su papel defensivo (hasta donde fuera posible) y equilibrasen las capacidades de las unidades de la flota, hasta ese momento mayoritariamente orientadas a la amenaza submarina.

 El corazón del guerrero.

Determinado este punto, se hacía preciso determinar el sistema de armas y de electrónica que mejor rendimiento ofreciera en función del dinero disponible y de las misiones asignadas. 

En principio, y dado que España se embarcó con Holanda y Alemania en el proyecto de "Fragata Trilateral" se consideró el uso de un sistema multifunción APAR, una versión pequeña del cual ya era usado por la Real Armada Holandesa. Pero según el proyecto se iba despeñando por el mismo camino que el NFR-90, y los costes económicos y tecnológicos del desarrollo completo del APAR iban de más en más, la Armada optó por el sistema SPY-1D, el único radar multifunción operativo existente en el mundo, un sistema caro pero más avanzado y sin dudas, de mucho mejor rendimiento que el APAR. 

Esta decisión supuso un riesgo calculado para la Armada al optando por un sistema ya probado pero de mayor complejidad tecnológica. 

Llegados a este punto, es preciso volver a retroceder en el tiempo para entender lo que representa el sistema SPY-1D. 

A principios de los años 80 la Marina de los Estados Unidos lanzó un programa destinado a construir nuevos buques de escolta antiaérea para los grupos de tareas (Task Forces en inglés, o TF por sus siglas) de sus portaaviones. Cada TF de portaaviones llevaría la escolta de al menos una de estas unidades. Siendo estos buques la piedra angular de la defensa antiaérea de la TF, debían tener capacidad de detección a muy largo alcance (más allá del horizonte de la TF), capacidad para detectar, “enganchar” y seguir a varios blancos a la vez, sistemas de armas capaces de batir todos esos blancos de forma simultánea y por supuesto, sistemas que permitieran el intercambio de información entre los equipos de detección y los equipos de las armas, y que permitieran sincronizar varios sistemas (radares/iluminadores y armas, básicamente) entre sí. 

Además, y como capacidad secundaria, estos buques se integrarían en la red diseñada según la Iniciativa de Defensa Estratégica (ISD por sus siglas en inglés; esto es lo que popularmente se ha denominado “Guerra de las Galaxias”) para proteger a los Estados Unidos del ataque de misiles crucero y balísticos. 

A estos buques se los denominó AEGIS en código. Aegis es el nombre que recibía el escudo de Zeus según la mitología. 

Para cumplir todas estas especificaciones se desarrolló el radar multipropósito SPY-1, que es el verdadero corazón del sistema AEGIS. El SPY-1 está formado por varias antenas de apertura sintética. Los alimentadores de las antenas permiten configurar la anchura y potencia del haz emitido; además están sincronizados entre sí para permitir entre varios alimentadores la conformación de los lóbulos según las necesidades del buque. Los lóbulos conformados pueden variar el ancho de su apertura desde los 30º en exploración normal a los 4º cuando el haz se conforma con máxima directividad para seguir a un solo blanco. 

En una detección típica, el haz de exploración detecta a un blanco (aéreo o de superficie) en uno de sus barridos y tras ello uno de los operadores humanos conforma un lóbulo estrecho para que siga al blanco de forma continua. El blanco es seguido desde el radar principal hasta que se toma la decisión de atacarle, momento en que se pasan los datos del seguimiento (distancia, azimut, elevación, rumbo y velocidad del blanco) a un iluminador secundario sincronizado con el arma que va a atacar ese blanco. Normalmente el arma será un misil que tras el disparo se autoorienta hacia el blanco siguiendo el reflejo de la señal radar iluminante. En el último tramo, con el misil a corta distancia del blanco, el misil enciende su radar para guiarse por sus propios medios. Batido el blanco, el iluminador secundario se apaga. Si el misil falla, el radar principal vuelve a “enganchar” el blanco en uno de sus barridos y el proceso de seguimiento y ataque comienza de nuevo. En el caso de que el arma elegida sea un cañón, el radar del propio cañón captura la señal reflejada por el blanco y le proporciona al arma los datos de distancia lineal y angular necesarios para manter al cañón apuntado sobre el blanco, hasta destruirlo. 

Este proceso muestra las dos dificultades básicas de este sistema: mantener en el aire varios lóbulos de radar entre sí, sin que se interfieran; y coordinar y presentar los datos de los radares de forma coherente para los operadores humanos. 

El caso es que el SPY-1 hace las dos cosas, y además, permite la integración con otros sistemas electrónicos. 

Sin embargo, para que el radar tenga un funcionamiento óptimo necesita tener una notable altura de antena y necesita tener una apertura física grande. Ambas cuestiones se solucionan (en parte) con la apertura sintética. Pero es que, además, para incrementar la apertura física, los diseñadores adoptaron la solución revolucionaria de integrar las antenas en las superficies verticales del buque en lugar de “colgarlas” de los mástiles. Esto permite disponer de una apertura física de varios metros cuadrados, suficiente como para poner en el aire varios haces radar a la vez, hasta 20. El alcance del radar con esta disposición es de 400 km. Suficiente para garantizar la defensa aérea a larga distancia de una TF. Pero como nada es gratis, a cambio el tamaño del buque y la signatura o sección radar del propio buque AEGIS se incrementan.

El USS “Ticonderoga” (CG-47) lanzando un misil.

Nótese la estructura maciza del puente de mando y del alcázar de popa. En este último pueden verse los “parches” octogonales de las antenas.

En esta foto puede apreciarse la forma del puente con esas planchas verticales que son las que soportan las antenas de apertura sintética. El palo de más a proa soporta la antena del haz de barrido (el bulbo gris situado delante del mismo).

A partir de la apreciación de las dimensiones verticales de las estructuras puede deducirse que la sección radar de estos buques será bastante alta.

Foto de la F-101 el día de su botadura.

En esta toma pueden apreciarse los “parches” octogonales de la torre, situada tras el puente. Asimismo puede obtenerse una comparativa de la altura de la torre troncopiramidal con la de las personas que lo observan.

Este hecho señala una de las características principales de las unidades AEGIS: su arquitectura está construida alrededor del SPY-1, y no se trata, como en otros buques más “clásicos”, de un casco al que se le han ido añadiendo sistemas y equipos. 

A principios de los 80 el dinero para Defensa no era problema en Estados Unidos y en consecuencia se ordenó la construcción de 32 cruceros AEGIS clase “Ticonderoga”. El primero de ellos entró en servicio en el año 1.983. 

El sistema AEGIS fue un éxito inmediato. El buque, en cambio, no tanto. Los cruceros clase “Ticonderoga” son grandes (unas 9.800 tm de desplazamiento) y por tanto muy caros. Su velocidad (32 nudos máximo) es inferior a la de los portaaviones a los que tiene que escoltar, y, gracias a las grandes superficies verticales, es muy detectable en el radar. 

Por ello la Marina de los Estados Unidos decidió construir una versión de escolta más reducida (6.700 tm en los primeros buques), rápida y navegable, con una versión más pequeña, moderna y barata del SPY-1, el SPY-1D, y con características “stealth” a fin de enmascarar en el radar la signatura del buque. Estas unidades, clasificadas como “destructores”, comenzaron a entrar en servicio en 1.991 y forman la clase “Arleigh Burke” ó DDG-51, por las siglas de la primera unidad.

Toma del USS “Arleigh Burke” (DDG-51). En esta foto puede apreciarse la altura del conjunto mástil-torre (llamado “mastack” en jerga de la U.S. Navy) y los “parches” octogonales a cada lado del puente de mando. Sobre el puente de mando, en la parte central, se aprecia la antena parabólico del sistema de comunicaciones por satélite SATCOM. A derecha e izquierda se aprecian los”bulbos” de dos de los iluminadores secundarios. En la parte más alta del mástil, de color blanco, se observa el domo del radar principal de exploración.

Nótese también que las estructuras no son tan altas ni macizas como las de los “Ticonderoga” (compárese con la foto siguiente), y que además presentan una cierta inclinación hacia dentro; todo ello minimiza la signatura radar de estas naves.

El USS "Normandy" (CG-60), exhibiendo en esta toma las formas casi cúbicas de su estructura.

Vista de una nave clase "Arleigh Burke" por la aleta de babor.

 

Detalle de la "ciudadela" del puente del mismo buque.

 

Vista del puente con más detalle. Aquí se puede ver perfectamente la superficie octogonal de la antena de apertura sintética, así como varios iluminadores secundarios y la antena del sistema SATCOM para comunicaciones vía satélite.

Para cualquier eventualidad. 

La arquitectura de las F-100 españolas sigue de cerca la arquitectura de los DDG-51. Lo más destacable en su figura es el bloque troncopiramidal situado tras el puente, y que hace de soporte de los mástiles de antenas y de las antenas de apertura sintética (nótense los dibujos octogonales que se aprecian en las superficies verticales). Sus paredes son inclinadas, y están recubierto de material “stealth”, lo que hace que la signatura radar sea inferior a la de los “Ticonderoga”. Delante del puente están los alveolos del lanzador vertical Mk 41 versión larga, que es el lanzador del arma principal del buque, el misil antiaéreo SM-2 block III.

Estas dos estructuras (lanzador de misiles y dimensión del “mastack” de antena) imponen el tamaño de la manga del buque y, en consecuencia, determinan en parte el desplazamiento del mismo. Respecto a otros buques de la Armada, la manga de las F-100 es mayor. Pero aun así es menor que la de sus primos norteamericanos (18 m de manga en los "Ticonderoga"; 20´1 m en los "Arleigh Burke"; 17´5 m para las F-100). Es un mérito de los diseñadores haber conseguido limitar el desplazamiento a 5.900 tm sin que la altura de antena ni la superficie de apertura efectiva de los radares se haya visto afectada. Con casi un 60% del porte de los cruceros “Ticonderoga” las fragatas F-100 desempeñan las mismas misiones con la misma fiabilidad.

La estructura piramidal soporte de las antenas tiene una ventaja adicional, y es que conforma una ciudadela que alberga la mayor parte de la electrónica y del sistema de mando y control (CIC) del buque, por lo que la protección NBQ (nuclear, biológica y química) del navío se hace más sencilla, puesto que las zonas a proteger están muy agrupadas entre sí.

 

La F-101 “Álvaro de Bazán” en sus pruebas de mar, virando a toda máquina.

Obsérvese la estructura del puente de mando y soporte de antenas. Entre el cañón de proa y el puente mando se observan (tapados) los alveolos de lanzamiento Mk 41 de los SM-2.

 

Toma de popa de la F-101 “Álvaro de Bazán”.

En esta foto se aprecia sobre el castillo de popa la antena parabólica de uno de los iluminadores secundarios. 

La gran automatización de los sistemas de a bordo permite reducir la dotación del buque a 216 tripulantes, lo que es un número realmente reducido para un buque del porte de las F-100.

El sistema SPY-1D alrededor del cual se han construido las fragatas ha sido mejorado en España por ingenieros españoles en el marco del convenio de cooperación tecnológica que permitió la cesión de la licencia del SPY-1. España ha sido la primera nación del mundo en recibir esa tecnología de los Estados Unidos. Lo que no habla mal de la capacidad técnica de la empresa Izar y de los demás contratistas, entre los que destaca la corporación Indra. 

En un entorno tecnológico tan puntero, el adiestramiento de las dotaciones de las F-100 es un punto crítico. Tener un sistema excelente con unos operadores mediocres no es el mejor modo de incrementar la operatividad de la flota. Para formar dotaciones con la calidad adecuada se ha establecido un programa de intercambio y adiestramiento con la Marina de los Estados Unidos, a la par que instructores de Indra y otras empresas se encargan de la formación de los operadores de sistemas que embarcarán en las F-100.

Zafarrancho de combate. 

La primera unidad de la serie, la F-101 “Álvaro de Bazán”, se encuentra, en el momento en que escribo esto, realizando sus pruebas finales en la mar, junto con su "primo" el desctructor DDG-87 "Masson". La F-102 “Don Juan de Borbón”, que fue botada en Febrero de 2.002, sigue sus obras en los astilleros de Izar-Ferrol. Para el año 2.003 caerá al agua la tercera de la serie, la F-103 “Blas de Lezo”. Y en 2.005 la última, la F-104 “Méndez Núñez”.

Foto de la factoría de Izar-Ferrol.

A la izquierda, la F-101 de regreso de sus pruebas de mar. A la derecha, la F-102, en construcción.

La F-101 “Álvaro de Bazán” entrando en la ría de Ferrol.

Esta toma permite apreciar la limpieza de líneas de estos buques (lo que además de mejor estética implica una mejora de la signatura radar), sólo interrumpida por la estructura del “mastack” troncopiramidal.

Una vez que entren en servicio estas unidades, una formación típica del Grupo Alfa estará compuesta por el “Príncipe de Asturias”, de dos a cuatro escoltas ASW “Santa María” y una o dos escoltas AAW F-100. Esta TF española tendrá capacidad para atacar cualquier blanco enemigo, en la mar o en tierra, de día o de noche, en el Atlántico central y septentrional o en el Mediterráneo. Además, tendrá capacidad de autodefensa suficiente para repeler cualquier amenaza submarina no nuclear y para combatir contra una TF de similar porte y características. Pero es que además nuestra Armada aún tendrá escoltas AAW y ASW suficientes para formar una segunda TF que dé protección al Grupo Delta (grupo anfibio de la Armada) mientras pone en tierra con casi total impunidad al Tercio de Armada, unidad de infantería de marina de tamaño brigada dotada de material pesado y motorizado que es una de las unidades de élite de nuestras Fuerzas Armadas; mientras, los Harrier Plus del Grupo Alfa machacan la costa y los blancos enemigos. La situación del Grupo Delta mejorará, incluso, si se construye el previsto LHD, que además de incrementar la capacidad de transporte de material, supondrá una pista de vuelo auxiliar para los Harrier Plus y para los helicópteros de ataque del Tercio de Armada. 

La coordinación de estas fuerzas navales no es un problema. El “Príncipe de Asturias” está diseñado para operar como nave almirante y en consecuencia posee los sistemas de comunicaciones y de intercambio de datos precisos. Las fragatas F-100 también tienen, gracias a sus sistemas, capacidad para operar como capitanas de TF. El desarrollo de la fase militar del Hispasat permite disponer de comunicaciones bidireccionales buque-buque y buque-tierra con apoyo en satélite, y por tanto, menos sensibles a las perturbaciones de un entorno de guerra electrónica (EW o Electronic Warfare). Las condiciones serán mucho mejores si al final se pone en órbita el planificado satélite español de defensa. 

Una fuerza basada en tierra necesitaría (son estimaciones de la OTAN, no fantasmagorías de barra de bar) unos 50 aviones de caza y ataque modernos dotados de armas antibuque y pilotos entrenados en estas misiones para poder amenazar realmente al Grupo Alfa. Los países de nuestro entorno se dividen en dos categorías. Los que tienen una capacidad operativa igual o superior a la indicada, y los que no. Todos los que entran en la primera categoría son aliados de España en el seno de la OTAN. Los segundos, mucho mejor informados que nuestros estrategas de salón, se toman muy en serio la capacidad de proyección de fuerza, sobre la tierra o sobre la mar, que tiene nuestra Armada. 

Con las F-100 nuestra Armada posee además un sistema con capacidad (limitada, eso sí) para proteger el territorio nacional contra la amenaza de misiles de crucero. Esta capacidad se verá notablemente incrementada cuando las F-100 pueden portar el SM-2 block IV, que ya ha demostrado su capacidad como arma anti-balística en ensayos realizados por los EE.UU. Cuando, en un futuro, se desarrolle el previsto SM-3, que dispondrá además de capacidad para atacar blancos en tierra, las F-100 tendrán, además de mayor capacidad antiaérea y anti-balística, un arma capaz de atacar blancos situados a varios centenares de kilómetros de nuestras costas. Y todo esto sin modificar el lanzador vertical, que admite las ojivas de estas tres armas. 

Como decía antes: las naciones de nuestro entorno que tienen una capacidad similar son aliadas de España en el seno de la OTAN. Y las que no están en la OTAN no se toman nuestra Armada a broma. 

Lo que queda por venir. 

El riesgo tecnológico asumido por Izar y demás contratistas ha dado sus frutos. Y no sólo porque las F-100 sean unas naves magníficas. La Real Armada Noruega ha firmado con Izar un contrato para la compra de cinco fragatas de la serie F-310, que son en esencia una versión reducida de las F-100 con un equipo SPY-1D simplificado y más barato, llamado SPY-1K, con prestaciones muy similares al de las F-100. Atraídas por este éxito de exportación, otras naciones (Singapur, Taiwán, Brasil…) se han interesado en la adquisición de buques muy similares a las F-310.

Representación artística de una fragata del proyecto 310. 

Otras naciones del mundo están construyendo buques AEGIS para sus propias flotas, como Japón (destructores clase “Kongo”), o están planificando su construcción (Alemania, Reino Unido, Italia…). Todos estos países han consultado a Izar, a Indra y a otras empresas españolas para firmar contratos que permitan la transferencia de la tecnología y del “saber hacer” acumulado por los españoles en el desarrollo de las F-100. En este sentido, España se encuentra a la cabeza de la innovación tecnológica en el sector naval militar. 

Es evidente que en cuanto otras naciones del mundo tengan también capacidad AAW con “tecnología AEGIS” la ventaja tecnológica y operativa de la Armada Española se verá reducida. Será entonces el momento de pasar a nuevos proyectos para mantener la ventaja. Por ejemplo, en el reemplazo del “Príncipe de Asturias” por un portaaviones más moderno. Pero en cualquier caso, las naciones que previsiblemente tendrán voluntad política, dinero y capacidad para operar este tipo de naves (conviene no perder de vista que una cosa es comprar el buque más moderno del mundo y otra cosa tener dotaciones lo bastante experimentadas como para operarlo bien) seguirán perteneciendo a la categoría de naciones amigas o aliadas en el seno de la OTAN. 

Y, mucho mejor informados que los filósofos de taberna españoles, las naciones que no entran en esa categoría miran a la Armada con envidia y se dicen: “quién tuviera aunque sólo fuera un par de F-100…”   

Fragata clase "Santa María" fotografiada desde la Isla Perejil. Al fondo se puede ver Punta Tarifa.

Agradecimientos. 

No puedo cerrar este artículo sin dar las gracias a la Revista Naval (http://www.revistanaval.com), especialmente a “Ferrol-X”, y al foro de debate de la página “La Armada Española” (http://www.geocities.com/Pentagon/3223/), por las imágenes que ilustran este artículo. Asimismo, agradezco a los anteriores y a la Oficina de Relaciones con la Prensa de la Armada y a la Revista General de Marina su aportación al texto. Si en él hay algún error o inexactitud la culpa, ciertamente, no es de ninguno de ellos.

Copyrigth Septiembre de 2.002 by José Manuel Rodríguez Gómez-Escobar eborense@terra.es

 

Del mismo autor puedes consultar su magnífica página web:

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